A los 92 años, Willie Nelson subió al escenario en Phoenix sin imaginar lo que le esperaba. El público estalló en aplausos que no cesaban. Un minuto. Dos. Ocho minutos de gratitud ensordecedora. Willie se cubrió el rostro con las manos, embargado por la emoción. — “No pensé que alguien todavía quisiera escucharme”, — dijo en voz baja. La multitud respondió en coro: — “¡Por siempre, Willie!” No fue solo un concierto. Fue un homenaje de despedida a un hombre cuya música se convirtió en el corazón de América.
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